La dicha de servir a los abuelos

Recuerdo las tardes de mi adolescencia como las tardes mas divertidas. La merienda de las cuatro de la tarde era mi parte favorita: Pan con miel, y un poco de café. Esto era lo que me preparaba mi abuelo. En las tardes, cuando mi mama salía a trabajar, nos dejaba a mi hermana y a mi en compañía de nuestros abuelos. Se suponía que ellos debían cuidarnos, pero la verdad es que nuestro trabajo era cuidarlos a ellos. Recuerdo las conversaciones profundas con mi abuela sobre cosas importantes en la vida como el amor y la bondad, y recuerdo la risa contagiosa de mi abuelo cuando veía programas de comedia en la televisión. La verdad es que eran tardes divertidas.

Como nieta tuve el privilegio que estar presente en todos los momentos importantes de la vida de mis abuelos. En mi familia lo más importante siempre ha sido dar amor, por lo que no pasaba un solo día en el que olvidara recordarles a mis abuelos lo importantes que eran para mi. Como envejecientes, vivieron una vida llena de privilegios, nunca les faltó comida, agua, cuidados, entretenimiento, y amor. Y así fue hasta el día que cerraron sus ojos para siempre. Las despedidas mas tristes son la de los abuelos, porque con ellos se va ese amor infinito, esa mirada bondadosa, ese caminar lento, esas arrugas que relatan historias vividas, esas canas que al brillar reflejan sabiduría, y esas manos suaves y acogedoras que cobijan. ¡Cuánto extraño a mis abuelos!

Pero la realidad es que no todos los envejecientes tienen el privilegio de vivir una vida digna. Muchos viven en la pobreza, el abandono, son rechazados, marginados y maltratados. Miradas desdeñosas, palabras hirientes, rechazo y agresión son el diario vivir de muchos envejecientes, que simplemente no recuerdan la palabra amor porque sencillamente dejaron de recibirlo hace mucho tiempo. Miradas tristes y perdidas, hambre, frío, dolor y sed son el diario vivir de muchos envejecientes que han sido abandonados por sus familias. Es por esta razón que motivada por ese amor y respeto que siento por los envejecientes me animo a impulsar una campaña de solidaridad a favor de los envejecientes, con el fin de devolverles esa alegría que con los años fueron perdiendo, haciéndoles reír hasta que dejen de dolerles los huesos, escucharlos para que se sientan importantes y amándolos hasta que su alma descanse.

A ti que lees esto, te invito a que te unas y te animes a hacer un cambio en la vida de algún envejeciente. Un acto tan simple como el de escuchar o conversar con un envejeciente puede alegrar su día. Si vas caminando por la calle ayudalos a cruzar. Si necesita ser acompañado a algún lugar, ofrece tu vehículo o tu compañía. Si conoces algún envejeciente que se encuentre en una situación económica difícil, ofrece tu ayuda. Pero lo más importante es que recuerdes, que lo que más desea todo ser humano es recibir amor; es por esto que te invito a que te animes a regalar amor a cada envejeciente que conozcas, te aseguro que la vida te premiará.

Con cariño,

 La Tipa.

Este artículo forma parte de la 2ª edición del FUNICONCURSO “Publicación Solidaria”. Para más información: www.estudiarenfuniber.com

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Autor: soniacastillo25

Hola Soy So! La Tipa! Cuando escribo vivo. Me podrás encontrar entre lápiz y papel, té, libros un avión y mi mat de yoga.

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